E: EDUCAR

  DISCIP1

Es interesante atender a los sinónimos de la palabra “Educar” porque remite a términos con matices muy diferenciales. Por un lado, se habla de educar como sinónimo de “encaminar, dirigir, orientar o guiar”, pero al mismo tiempo se señalan como sinónimos palabras como “domar”, “amansar” o “disciplinar” (“Diccionario de sinónimos y antónimos de la lengua española”, de Ángel López García-Molins).

Las connotaciones de los términos señalados son muy distintas y pueden condicionar estilos educativos opuestos. Si se asume que la función de los “educadores” (progenitores, cuidadores, docentes, etc.) es domesticar a los niños como si fueran animales, se estará legitimando un conjunto de prácticas relacionales y supuestamente educativas próximas al maltrato. O bien, si se piensa que la educación no debe implicar esa “doma disciplinaria”, quizá desde una postura “progresista”, se pueden poner en juego prácticas relacionales y supuestamente educativas que consistirían en “dejar hacer” lo que produciría otro tipo de maltrato, al dejar a los niños sin guías imprescindibles para su desarrollo.

Pero entre la doma a los animales y el dejar hacer a los niños existe la posibilidad de guiar un crecimiento con afecto y autoridad, abriendo la posibilidad de que su evolución sea la más saludable posible.

En esta función de orientar hacia el futuro, de crear las condiciones para que el camino sea creativo y merezca la pena recorrerlo, será inevitable acoger con afecto a la “cría” humana, porque sin los brazos de algún adulto no podrá sobrevivir por sí misma. Pero será igualmente necesario incluir en esa “cría” significantes que limiten su tendencia a la satisfacción inmediata y total, es decir, será imprescindible ejercer la autoridad. Y aunque ello siempre e inevitablemente implique cierta violencia contra la tendencia inicial a la descarga, constituirá la base para que la cría deje de ser un mero cuerpo y pueda aspirar a ser humano.

Esa violencia necesaria no tiene nada que ver con la domesticación de animales ni otro tipo de violencias arbitrarias y gratuitas que solo testifican de la impotencia de unos padres para serlo y vincularse como tales.

Esta dinámica que engloba el término “educar” es muy compleja y exige matizaciones que iremos incluyendo en distintas entradas de este “abecedario”.

Luis Manuel Estalayo

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