Jóvenes, Internet y educación

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Siempre ha existido una falta de diálogo entre jóvenes y adultos acerca de la sexualidad, asociando la sexualidad de los jóvenes con peligros o con una visión negativa. Por lo que los jóvenes se sienten censurados a priori y busquen otras referencias para aprender. En épocas pasadas recurrían a revistas y libros prohibidos. Hoy, la búsqueda sexual en Internet equivale al 70% del total del dinero gastado en la Red (datos del 2006).

Los jóvenes toman como referencia los modelos de conducta sexual que tienen a su disposición. Esto es, el material pornográfico que circula por la Red. Nutren su curiosidad con imágenes que proyectan una visión negativa de la sexualidad, sin contemplar aspectos como la empatía o el respeto sexual.

La educación sexual va mucho más allá de enseñar cómo colocar un preservativo. Existe la necesidad de proporcionar a los jóvenes información detallada de la sexualidad, ofreciéndoles modelos realistas y sensatos que influyan en su desarrollo psicosexual de manera positiva. Hay que trabajar por una educación que les ayude a tener una sexualidad feliz y responsable.

Siguiendo la línea de la educación, esta se enfrenta a nuevos desafíos, ahora que asistimos a una nueva forma de organizar y construir el mundo. Las nuevas tecnologías ponen en jaque nuestro horizonte cognitivo. Estas han reducido los tiempos al instante y nos llevan a una nueva modalidad perceptiva.

Este nuevo homo videns cambia sus nociones de tiempo y espacio en relación a los viejos sapiens de la palabra y el texto escrito. No se trata de un mero estar frente a una pantalla-objeto, frente a un objeto pasivo al que manipular; el sujeto también está siendo manipulado por el objeto. El resultado: la producción de nuevos sujetos.

Emerge así una cultura de la imagen frente a la cultura del texto. Las TIC responden a una nueva cultura donde se pondera la imagen por encima de todo. Mostrarse como sea es la premisa de hoy. Lo privado se hace espectáculo. Y esto lleva a que se trastoque la relación público/privado. La intimidad está en crisis, pasa a exhibirse. El siglo XVIII fue el siglo del hombre público y la privacidad quedaba relegada al ámbito de la familia y de la mujer. En el siglo XIX el espacio público empezó a estar estigmatizado, temido por engañoso e hipócrita, y el espacio de la intimidad pasó a ser el de la verdad y la autenticidad. Esa superioridad moral de la intimidad no terminó. Desde las décadas de los 60 y 70 empezó a desdibujarse la frontera entre lo público y lo privado. Antes lo íntimo era secreto, ahora se hace público en Internet. Antes predominaban los secretos de confesión y profesional; ahora, se ruega que no se guarde ese secreto. Se promueve cultivar una intimidad en tanto esta sea visible. Porque si no es visible, tal vez no exista.

Nuestra lógica es la de las sociedades del espectáculo: solo existe lo que se ve. Viajes, fiestas, conciertos… La experiencia no se completa hasta que no se suben las fotos a Internet. Si no hay foto, es como si no hubiera pasado. Un ejemplo son las selfie, que reflejan una especie de narcisismo en nuestra cultura. La idea de tomarse fotos a uno mimo durante un viaje o un encuentro para poder decir “yo estuve allí” es increíblemente egocéntrica, acorde con nuestro tiempo. No solamente es gente que quiere mostrarse, sino que hay gente que quiere ver. En Internet todos podemos mostrar nuestros vídeos, fotos, pensamientos, posturas, y hasta los libros que leemos, las películas que vemos y la música que escuchamos. Todo lo que “nos gusta”.

Y esto no solo responde a esa necesidad de mostrar. Responde también a la necesidad de estar diciendo cosas de nosotros mismos, elementos que creemos, nos identifican. Las modificaciones de un perfil vienen a ser como la decoración de la habitación de un adolescente, con sus posters, símbolos y demás objetos que dicen algo de cómo se ven a sí mismos. Con las nuevas tecnologías el proceso de autoconstrucción prosigue.

La identidad como acto de apropiación simbólica adquiere una dimensión del consumo transespacial. Esta cultura-mundo lleva a que los jóvenes de diferentes geografías perciban que tienen mucho más en común entre sí que con jóvenes de barrios alejados por el capital simbólico. Lo próximo, si distinto, se vuelve distante.

La presencia en ambientes virtuales de jóvenes con capitales culturales muy variadas les permite enriquecerse. No solo comparten visiones del mundo; además, las generan. El problema: los jóvenes ingresan con estas características diferenciadoras en una institución homogeneizadora con dificultades para registrar y procesar estas diferencias.

La adolescencia siempre tuvo como característica la necesidad de establecer un espacio propio, diferente del de los adultos. Más ahora cuando los valores de identificación positiva son asociados a un modo juvenil de vida y exportados a todos los grupos de edad que se esfuerzan por incluirse en este modelo juvenil.

Hoy en día, los jóvenes, nativos digitales, se distancian de los adultos a través de su vínculo con la tecnología  y su capacidad para procesarla y usarla. Nos encontramos por primera vez ante una cultura prefigurativa en la que son los jóvenes quienes enseñan a los padres.

Un rasgo atractivo para los adolescentes en cuanto al uso de Internet es que no vislumbran que la Red esté controlada por los adultos, ya sea en forma de gobierno, padres u otras instituciones. El ciberespacio representa algo muy parecido a la libertad que imaginan en su cultura de la noche, donde los adultos desaparecen y ceden el terreno a los jóvenes.

En definitiva, no sabemos las consecuencias que va a tener Internet en nuestra mente. Pero sí tenemos certeza de que está produciendo cambios en nuestro modo de procesar, creando nuevos sujetos. Desde la educación, debemos esforzarnos por estar siempre actualizados y al servicio de los nuevos sujetos que sean los alumnos. El papel del profesor ha de ir cambiando, adaptándose a su tiempo.

La información se encuentra y circula libremente por la Red. El papel de Internet como “nuevo educador” compite con la figura del profesor. Sin embargo, Internet tiene una vocación de totalidad: cabe todo. Todo lo importante y lo no importante. No distingue de cosas beneficiosas o perjudiciales.

Frente a este panorama surge una nueva tarea: la de preparar a los jóvenes para filtrar, seleccionar y procesar la información, a diferencia de ayer, cuando el problema era acceder a ella y había que salir a buscarla. Ahora, la información desborda.

En este marco, las instituciones escolares, afianzadas en la cultura del libro, del texto y de la palabra escrita, tienen dificultades en la medida en que los jóvenes están inmersos en la cultura de la velocidad, de la fragmentación y de la imagen. Y desde la educación es un desafío seguir enseñándoles. Pero cuándo no ha sido el formar a nuevos individuos un desafío, uno distinto en cada época.

Paula Estalayo- Estudiante de Arte

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Un comentario

  1. muy buen documento me ayudo bastante en mi proyecto….necesito colocar frases filosoficas con relacion al tema de la sexualidad y la tecnologia…me podrian alguno ayudar…!!

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