I: IDEALIZAR

idealizar

imagen extraída de puntovital.cl

 

La idealización es un proceso mental concerniente al objeto que se ve engrandecido y exaltado psicológicamente, más allá de sus cualidades reales. Ese “objeto” puede ser cualquier persona incluyendo a un mismo, por lo que es un mecanismo muy relacionado con el narcisismo.

Su finalidad última es no querer saber nada de las carencias del otro o de uno mismo, para no enfrentar la angustia que pudieran provocar las mismas, por lo que la idealización también se vincula con la negación.

La idealización de los padres interviene necesaria y positivamente en la constitución de las instancias psíquicas del sujeto. Así, los hijos necesitan idealizar a sus padres para crecer tranquilos. Son tan pequeños e indefensos al nacer, hay tantos ogros y brujas en el camino, que será conveniente contar con aliados que puedan vencerles.

A medida que uno vaya creciendo y sintiéndose más capaz de enfrentar las cosas por sí mismo, no hará falta idealizar a los padres, y el principio de realidad irá poniendo a cada cual en su sitio, con sus virtudes y limitaciones. De hecho es esperable que en otro momento evolutivo la idealización dé paso a la desidealización, lo que dará lugar a nuevas dinámicas familiares que incluso podrán ser conflictivas.

Los padres también suelen idealizar a sus hijos, lo que constituirá un motor relevante para su crecimiento. En el juego del narcisismo no está de más sentir que los padres le valoran a uno y que disfrutan con los logros que vaya consiguiendo. Al fin de cuentas, ¿quién se anima a crecer si no siente que su vida es mirada con afecto por sus padres?

Posteriormente, también para los padres vendrá a instalarse el principio de realidad, a medida que los hijos vayan siendo más autónomos de su deseo y muestren sus elecciones vitales. De nuevo, las dinámicas familiares serán múltiples en este momento evolutivo, y dependerán fundamentalmente de la capacidad de los padres de asumir, o no, la diferencia entre su deseo y expectativas y la realidad del hijo/a.

La idealización también interviene de modo especial en la vida amorosa/conyugal, en la sobreestimación sexual del objeto de la que hablara S. Freud. Es el momento en el que el otro es percibido con todos los atributos de la perfección. Es el momento de sentir que ese otro es realmente lo que uno necesitaba y deseaba. En esta fase la pareja se conduce como si fueran Uno, imaginando que nada falta, que la felicidad es y será completa.

Sin embargo, de nuevo el paso del tiempo irá dando paso a nuevas realidades, donde las particularidades de cada cual, las diferencias, se irán haciendo notar. Y esas diferencias romperán el mito del Uno, dando lugar a nuevos textos en la relación: del “eres todo para mí “se pasará al “no es eso lo que yo quiero” inaugurando nuevas formas de recrear la relación desde la diferencia y el respeto a las mismas.

En este sentido, cabe cuestionar las terapias de familias o de pareja que se centran en prometer la búsqueda del Uno, la felicidad plena en la vida familiar y conyugal, porque ello implicaría asumir una moral que negaría la castración simbólica y la diferencia.

 

Luis Manuel Estalayo Martín

Psicólogo Clínico

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s