Sintomatología Psicosomática (3)

Los sueños de indecisión.Gret

Los sueños de la indecisión. Grete Stern (1950)

Sintomatología Psicosomática (3)

Luis Manuel Estalayo Martín. Psicólogo Clínico.

En la anterior entrada de este blog comentaba la posibilidad de realizar una aproximación teórica a la cuestión psicosomática desde una óptica psicoanalítica.

Pero antes quiero enumerar la diversidad de síntomas que pueden englobarse en este concepto con el fin de transmitir su potencial abarcativo. En realidad son tantos, que cabría pensar que toda medicina debiera conceptualizarse como psicosomática.

Sin intención de ser exhaustivo, es posible clasificar estos síntomas según los órganos o sistemas afectados:

Por ejemplo, en el ámbito de la ginecología es frecuente valorar en este contexto el trastorno disfórico premenstrual y aspectos psicológicos vinculados con la menopausia: síntomas depresivos, dificultades sexuales, reevaluación de la femineidad, fatiga, cefaleas, etc.

En el ámbito sexual el CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades) habla de “disfunciones sexuales de origen no orgánico”, que abarcan diferentes formas de incapacidad para participar en una relación sexual deseada. Según los casos se trata de una falta de interés, una imposibilidad de sentir placer, un fracaso en la respuesta fisiológica necesaria para una interacción sexual efectiva o una incapacidad para controlar o sentir un orgasmo.

De manera más específica, esta categoría incluiría, entre otros, los siguientes síntomas: frigidez, trastorno hipoactivo del deseo sexual, impotencia psicógena, trastornos de la erección, anorgasmia psicógena, inhibición orgásmica, eyaculación precoz, vaginismo no orgánico o dispareunia no orgánica.

Por su parte, la vinculación del aparato digestivo con aspectos psicológicos es ampliamente conocida por amplios sectores de la sociedad. Tradicionalmente se incluyen en este contexto la úlcera péptica, el síndrome de intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn) o la dispepsia.

En toda la bibliografía especializada se admite sin reservas que el estado emocional repercute sobre la actividad gástrica y lo hace de manera muy específica. Así por ejemplo se sabe que emociones como la ira, la rabia o la frustración incrementan la actividad estomacal sobre todo si la personal no expresa sus sentimientos, mientras que estados depresivos o de miedo producen disminución de la actividad del estómago.

Respecto a la úlcera péptica es posible diferenciar las úlceras gástricas de las duodenales. En las primeras se destaca como factor etiológico importante la inhibición o no expresión de sentimientos. Mientras que las segundas se vinculan con estresores psicosociales que exigen altas demandas al individuo que no puede satisfacer.

En la dispepsia (dolor, náuseas, ardores, regurgitación) se valora la incidencia de ambos factores: dificultad en expresar afectos y alta incidencia de eventos vitales negativos.

También las enfermedades cardiovasculares están relacionadas con factores psicológicos como es conocido popularmente.

De hecho, en cualquier manifestación de cardiopatía isquémica (angina de pecho, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca, arritmias y bloqueos) se estudian factores psicológicos que puedan estar influyendo en su desarrollo. Suele concluirse que en estos casos, además de intervenciones médicas enfocadas a la hipertensión arterial, el tabaquismo, la hipercolesterolemia, la obesidad o el sedentarismo, la intervención psicológica es habitualmente lo más eficaz para el tratamiento de las tensiones emocionales asociadas a estos síntomas.

También está demostrado que las enfermedades reumáticas, como por ejemplo la artritis reumatoide, están influidas por factores psicológicos que afectan al estado físico o pueden exacerbar la sintomatología física. Por ejemplo es muy común valorar síntomas depresivos en la práctica reumatológica y se observa con mucha frecuencia en pacientes con fibromialgia.

Finalmente, es posible destacar la piel como órgano límite que reacciona con enorme rapidez a las emociones. De hecho, en las investigaciones realizadas en el ámbito de la psicodermatología, suele describirse comorbilidad con el acné, la dermatitis atópica, la psoriais, la alopecia areata, la urticaria y el prurito.

Baste esta brevísima descripción para transmitir el convencimiento de que todo el cuerpo es un lienzo donde escribir emociones. Y cuando el cuerpo habla habrá que intentar escucharlo en su dimensión de texto.

El cuerpo no es un conjunto de órganos y sistemas, no es mera anatomía. El cuerpo, en el ser humano, está atravesado por todo un universo simbólico que lo define y atenaza, de manera inevitable y constituyente, como en el sueño fotografiado por Grete Stern (1950).

 

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