T: TRAUMA

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T: TRAUMA

Luis Manuel Estalayo. Psicólogo Clínico.

En una primera acepción clásica la palabra trauma remite a “herida”, bien sea producida por una lesión física o por un golpe emocional. El trauma psíquico es la reacción psicológica derivada de un suceso traumático.

A su vez, podemos definir un acontecimiento traumático como un suceso negativo e intenso que surge de forma brusca e inesperada, siendo imposible de controlar por el sujeto que percibe que su integridad física o psíquica está en peligro. Es decir, en un suceso traumático la persona siente terror e indefensión al ser incapaz de afrontar ni controlar una experiencia que puede tener consecuencias drásticas en su vida.

Son sucesos con los que uno no espera encontrarse nunca porque no forman parte de las experiencias humanas habituales. Por ejemplo agresiones sexuales, relaciones de pareja traumáticas, actos de terrorismo, tortura o secuestro.

Para no generalizar en exceso el uso del término “trauma” conviene diferenciar estos sucesos potencialmente traumáticos de otros que pueden causar malestar emocional intenso pero que forman parte de lo esperable en la vida de cualquier persona: situaciones de paro, cambios de residencia, salida de los hijos del hogar, jubilación o muerte de un ser querido, por citar unos pocos ejemplos. Situaciones que demuestran que todos podemos transitar por Hades en alguna ocasión pero sin quedarnos en su reino.

Por otro lado es posible hablar de “traumático” en el ámbito de las relaciones humanas, más allá de un suceso traumático en sentido estricto. De hecho creo que lo más doloroso para una persona puede ser la violencia intencional, arbitraria e injustificada generada por otros seres humanos. Porque la Naturaleza puede resultar demoledora, uno puede verse inmerso en un tifón y ver próxima su muerte pero eso no enfurece ni indigna, solo atenaza y aterra. En el ámbito de las relaciones humanas quiero destacar los malos tratos a la infancia como forma privilegiada de relaciones traumáticas.

Sobre todo los malos tratos efectuados por padres y madres de los que idealmente cabría esperar cierta capacidad de protección y de transmitir afecto. Situaciones en las que se van creando un apego inseguro o desorganizado; relaciones familiares que pueden incluir maltrato emocional, físico y/o abuso sexual, síndrome de Munchausen o la instrumentalización de los hijos en situaciones de separaciones y divorcios conflictivos.

El desarrollo científico del psicoanálisis, las neurociencias y la psicología cognitiva aporta elementos que facilitan el tratamiento psicoterapéutico y psicosocioeducativo de estas situaciones. De todo este amplio desarrollo quiero destacar tres elementos:

En primer lugar, en el trabajo con lo traumático es básico diferenciar la memoria declarativa de la procedimental (J. Carlos Tutté, 2004, http://www.aperturas.org/nº23).

La memoria declarativa es la que podríamos denominar explícita, la que hace referencia a todos aquellos recuerdos que pueden ser evocados de forma consciente, como hechos o situaciones específicos.

La memoria procedimental alude a una forma de inscripción de vínculos que remite a reacciones afectivas automáticas que un bebé puede tener ante la modalidad de contacto que tenga con el otro significativo, emociones aprendidas a partir de experiencias tempranas que se irán repitiendo y acumulando a lo largo del tiempo y de la vida. Tipo de memoria vinculado al concepto “conocimiento relacional implícito” y que implica la inscripción de traumas precoces no sensibles a los recuerdos verbales. Se va creando así un inconsciente que no surge de la represión por razones afectivas sino que se organizó en forma de procedimientos automatizados de cómo relacionarse con el otro y con el mundo.

Se demuestra que las memorias procedimentales de una edad muy temprana tienden a persistir en forma de patrones de conducta destinados a repetirse más tarde en la vida, y que se vuelven manifiestos en la relación del paciente con el analista en la transferencia.

En segundo lugar es muy interesante comprobar cómo los recuerdos traumáticos regresan principalmente a través del sistema sensorial, en forma de sensaciones cinestésicas, olores, sabores o imágenes visuales, descontextualizadas, sin significado aparente. Las inscripciones retornan en la misma modalidad en la que fueron codificadas.

Finalmente quiero destacar la utilidad del concepto “acontecimiento vital para ser co-mentalizado” propuesto por J. J. Martínez Ibáñez (Rev. Clínica e Investigación Relacional, 2010). Se refiere a que el impacto emocional que toda situación traumática provoca a nivel mental en cualquier ser humano, puede ser asimilado por parte del psicoterapeuta para poder pensarlo y mentalizarlo y de este modo ayudar al paciente a que él también pueda mentalizarlo.

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