Diagnóstico social (1)

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Diagnóstico social (1)

Luis Manuel Estalayo Martín – Psicólogo Clínico
www.estalayopsicologo.com

Uno de los motivos que dieron origen a este blog fue la intención de compartir elementos que nos ayudaran a reflexionar sobre la sociedad actual inmersa en un hiperconsumo bulímico de valores hedonistas.

En este sentido quiero compartir alguna de las ideas del filósofo Byung-Chul Han, al que ya he aludido en otras ocasiones, porque reflexiona sobre aspectos que en mi opinión tienen mucho interés. Me baso en cuatro de sus libros, que son muy breves pero llenos de sentido crítico: La sociedad del cansancio (2012), La sociedad de la trasparencia (2013), En el enjambre (2014), y La agonía de Eros (2014).

En La sociedad del cansancio (2012), este autor describe una sociedad que va perdiendo progresivamente creencias nucleares, esas que pueden dar sentido, hacia una sociedad en la que nada es constante ni duradero y donde un yo aislado se va sintiendo cada vez más frágil sin saber cómo manejarse con la sensación de lo efímero: «La desnarrativización general del mundo refuerza la sensación de fugacidad: hace la vida desnuda».

En su opinión, para taponar ese vacío, esa sensación de fragilidad, el individuo genera una brutal hiperactividad que incluye una explotación de sí mismo. Uno tendría que doparse constantemente para maximizar su rendimiento, para obtener una supuesta mejor versión de sí mismo; y todo ello haciendo caso omiso del agotamiento asociado, de un verdadero infarto del alma vivido en soledad.

Sujeto por tanto del rendimiento, que mantiene consigo mismo una relación de autoexplotación, en una sociedad que promueve una superproducción y una supercomunicación. Sujeto fatigado y asfixiado víctima de una violencia neuronal que provoca el colapso del yo.

Esta sociedad estaría caracterizada por el verbo «poder». La idea publicitada hasta la saciedad del «tú puedes»; del debes hacer proyectos constantemente, sin parar, casi sin respirar; del tener más y más iniciativas; del reinventarte a cada paso y del motivarte, ya que en realidad todo depende única y exclusivamente de ti… Byung-Chul Han considera que este tipo de mandato capitalista es el germen de una masiva producción de depresivos y fracasados, enfermos de ese imperativo al rendimiento constante: «El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa».

Por otro lado, esta sensación de soledad y vulnerabilidad se produce en un contexto de exceso enorme de estímulos, de innumerables informaciones que percibimos cada día, generando una atención multitasking que supone una regresión en términos evolutivos. Una sociedad que rechaza el espacio vacío y la demora necesarios para el pensamiento, que menosprecia a la filosofía y al arte, con una creciente dificultad para escuchar con profundidad y atención; una sociedad inmersa en el imperio de la tecnología, repleta de juegos de ordenadores, pero cada vez más bárbara en tanto que se burla de alguno de los aspectos que nos hacen más humanos.

Posteriormente, Byung-Chul Han relaciona esta sociedad del cansancio con las implicaciones de la digitalización de la vida en En el enjambre (2014), destacando en su análisis la importancia de un tipo de comunicación que fomenta la exposición pornográfica de la intimidad y de la esfera privada, al tiempo que impide el lazo social.

En esta sociedad del cansancio y de la digitalización, pueden surgir sujetos indignados que se movilicen, pero será difícil que se estructuren en un nexo estable de discurso, porque la sociedad indignada es una sociedad del escándalo pero con escasa identificación con la comunidad; se tratará, por tanto, de una indignación que transmita más una preocupación por sí mismo que por un nosotros estable.

Y ello porque la masa que supone un enjambre digital es ruido, no posee alma, consta de individuos aislados, que se disuelven sin ser capaces de una acción común, sin poder realizar una “marcha” conjunta: «Con un alma, unida por una ideología, la masa marcha en una dirección».

El medio digital hace desaparecer la mirada auténtica que incluye la importancia del otro, facilitando un narcisismo perceptivo que implica una decadencia general de lo común y lo comunitario, donde se desvanece de manera radical la solidaridad.

Realmente en esta sociedad tiende a eclipsarse la realidad como tal porque lo digital transmite imágenes más bellas y más vivas, aunque sean «domesticadas». Se domestica a una realidad que percibimos como imperfecta, se la modifica antes de compartirla tuneada y así,  poco a poco, vamos  abandonando el orden terreno…

Por otro lado, estos aparatos digitales que nos envuelven creando sensaciones de libertad y poder, también nos explotan al mantenernos siempre conectados, haciendo de cualquier lugar un espacio laboral y de cualquier momento un tiempo de posible trabajo. En este sentido una de las consecuencias de la digitalización de la vida sería la ampliación de la sensación de cansancio y autoexplotación que vengo exponiendo en este texto, que será matizado y ampliado en el siguiente.

(…)

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2 comentarios

  1. Muy interesante análisis. Y ¡cómo se va percibiendo esta negación del “espacio vacío” en el día a día de nuestro trabajo con la infancia y la juventud!… Estupendo contar con este blog como espacio para compartir reflexión en temas tan fundamentales.

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