Telémaco

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Telémaco

Luis Manuel Estalayo Martín – Psicólogo clínico
www.estalayopsicologo.com

Telémaco es el hijo de Odiseo y Penélope en la mitología griega. Era un niño cuando su padre marchó a la guerra de Troya, y se hizo adulto con esta ausencia que duró más de veinte años. En todo este tiempo su madre tuvo numerosos pretendientes que deseaban la riqueza y posición del padre, dando por hecho la muerte de éste.

Estos pretendientes vivían en la hacienda familiar esperando que Penélope tomara una decisión. Éstos la acusaban de mantener esta situación porque les había dicho que decidiría con quién casaría cuando terminara de tejer un manto para Laertes, el padre de Odiseo. Sin embargo, mucho tardaría en darles una respuesta ya que todo lo que tejía por el día lo destejía por la tarde…

Cuando los dioses deciden que Odiseo vuelva a casa, Atenea advirtió a Telémaco que expulsara de su casa a los pretendientes y se dirigiera a Pilos y a Esparta para obtener información sobre su padre. Telémaco inicia así un viaje en busca del padre y descubre que está vivo.

Una vez que Telémaco regresa a Ítaca encuentra a su padre en el hogar y juntos deciden castigar a los pretendientes logrando acabar con ellos. De esta manera se vuelve a imponer el orden y la ley en la polis, circunstancias imposibles de conquistar sin la presencia del padre.

¿No es Telémaco un ejemplo de lo que ocurre a tantos niños en nuestra cultura actual? Cultura en la que tantas veces el padre ni está ni se le espera, o bien se comporta como un amigo más. Cultura en la que faltan modelos éticos a seguir y se extienden la corrupción y la estupidez en tantos ámbitos de la cotidianidad. Cultura en la que se buscan placeres inmediatos y superficiales para huir de la aplastante abulia de la posmodernidad.

Ya es tiempo de concluir que, tras la muerte de Dios acaecida hace más de cien años, no ha amanecido un espacio de mayor libertad ni plenitud humana. Otras divinidades han venido a ocupar su lugar y no parece que hayan facilitado en mayor medida el camino de ningún héroe ni heroína.

¿No sería tiempo de repensar la función paterna? Sin nostalgia de ningún autoritarismo, más bien todo lo contrario. Estoy convencido de que para prevenir la emergencia de nuevos autoritarismos es necesaria, y urgente, la presencia de una paternidad positiva y responsable. Esa paternidad que ordene el hogar y la polis, que ayude a diferenciar generaciones y proponga caminos éticos con sentido.

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