Terapia de pareja

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Fuente: http://www.annamintz.com.

Terapia de pareja

Luis Manuel Estalayo Martín – psicólogo clínico
www.estalayopsicologo.com

Para el psicoanálisis los motivos de elección de pareja son fundamentalmente inconscientes y la relación amorosa implica la subjetividad de cada sujeto de manera radical, de manera que en dicha relación se van a reactualizar los conflictos de cada cual de manera permanente.

Es por ello que las crisis en la pareja afectan a la identidad, y suelen sumir a los sujetos en estados de mucha decepción, confusión y tristeza. En esos momentos, el diálogo no parece suficiente, y se incrementan mecanismos de defensa primitivos como por ejemplo la negación y la proyección, que facilitan descargas emocionales, reacciones impulsivas, en detrimento de la palabra.

Si en esos momentos la pareja solicita una terapia, el objetivo general sería facilitar la elaboración de la crisis, poniendo palabras a los desacuerdos que se han instalado entre ellos, disminuyendo en la misma medida las reacciones impulsivas, y analizando las posibilidades de recrear el vínculo de manera más creativa y satisfactoria, o bien de separarse de manera suficientemente razonada.

En mi opinión este aspecto de que la terapia puede concluir en la separación de la pareja es muy relevante porque obliga a incluir en el proceso un planteamiento ético básico para el psicoanálisis.

En efecto, no se trata de prometer ningún resultado supuestamente ideal, de completud imaginaria, siguiendo las pautas de tantas terapias inscritas en la postmodernidad capitalista. No se trata de ofrecer una terapia de pareja como un mero objeto de consumo que apunte a una supuesta felicidad imaginaria.

Vivimos una época donde todo parece efímero y frívolo. Un momento histórico donde incluso la palabra «amor» puede estar en decadencia, o por lo menos ser objeto de nuevas búsquedas y reflexiones: ¿qué hacer con la diferencia que supone ser hombre o mujer? ¿Es posible o deseable borrar las diferencias? ¿Tendrá algo que ver este intento de homogeneizar con la violencia?

En este contexto la desorientación puede ser enorme y numerosas personas pueden encontrar muchas dificultades para el compromiso que supone una relación de pareja, incluyendo la impotencia para hacerlo en todos los sentidos, y desde luego, las dificultades para realizar proyectos de paternidad y maternidad.

En este contexto, el ámbito terapéutico no puede confundir el amor con una mercancía donde aplicar distintas técnicas que tiendan a homogeneizar el goce. Hay numerosas terapias que asumiendo el discurso capitalista se ofertan (literalmente, en términos de mercado) como solución para cualquier tipo de malestar humano, tanto a nivel individual, como de pareja o familiar. En este tipo de terapias se trata de no escuchar al sujeto, negando su realidad psíquica, y de suministrarle una serie de fármacos, pautas o normas de conducta que homogenicen su demanda. Todo con tal de no acercarse a su subjetividad, de no escuchar su malestar “único”, de seguir recreando el mito de que su satisfacción y felicidad serán posibles si hace lo que tiene que hacer, lo que marque el mercado, lo que indique su terapeuta o el Amo de turno….

Frente a estas terapias del «bienestar neoliberal» el psicoanálisis incluye una ética radicalmente distinta. No se trata de que una pareja que consulte resuelva sus diferencias para conseguir cierta armonía y felicidad plenas. Se trata más bien de que profundicen en su diferencia y analicen su posicionamiento subjetivo en la relación. Se trata de crear un espacio abierto a la reflexión, donde la palabra sea prioritaria en el análisis de la relación vinculado a cada biografía particular. Se trata de poner en circulación el deseo, las motivaciones de cada cual, el narcisismo, la sexualidad y un largo etcétera que incluya todos los elementos sensibles en la relación.

Será en el despliegue de estos textos donde el psicólogo irá incluyendo sus señalamientos e interpretaciones para que cada miembro de la pareja vaya asumiendo en mayor medida su subjetividad y vaya tomando las decisiones que le parezca oportuno. El terapeuta puede comprometerse a facilitar este proceso, pero no debiera prometer ningún objetivo de feliz reconciliación por más que este tipo de objetivo resulte muy seductor para una pareja en crisis.

Dicho de otra manera, desde el psicoanálisis no se trataría de taponar ningún síntoma, sino de hacerlo hablar. Crear un espacio donde cada miembro de la pareja pueda hablar de sus demandas, conectándolas a su historia personal y de pareja, donde pueda hablarse de todas las proyecciones recíprocas que se estén produciendo, de la ilusión marchita de haber constituido una totalidad fusional narcisista, o de cualquier violencia relacionada con esa ruptura del embrujo imaginario.

Con frecuencia este encuadre de intervención deriva en procesos de psicoterapia individual. Pero aunque no concluya de esta manera, siempre se tratará de un lugar donde poner en palabra cada subjetividad, abriendo caminos para otro tipo de relación incluyendo la alternativa saludable de ruptura.

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