Sexo con robots

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Fuente: http://www.nextnature.net

Sexo con robots

Luis Manuel Estalayo Martín – Psicólogo clínico
www.estalayopsicologo.com

Propongo relacionar tres escenas de amor.

Primera escena: la película Her, escrita y dirigida por Spike Jonze en 2013, e interpretada por Joaquin Phoenix, muestra a un hombre solitario que va construyendo una relación amorosa con un sistema operativo. Como en tantas ocasiones, los textos cinematográficos son efecto de una realidad que los prefigura al tiempo que los propios textos crean la realidad.

Segunda escena: miles de niños se relacionan con dispositivos informáticos cada vez a más temprana edad. Numerosos padres ofrecen satisfechos estos artefactos a sus hijos como compañeros virtuales de juegos, o como herramientas afectivas para calmar la ansiedad o el aburrimiento. De nada sirven las reiteradas recomendaciones de numerosos profesionales alertando de las posibles consecuencias negativas de esta precoz inmersión en las tecnologías. La negligencia, la inconsciencia o el propio infantilismo son armas demasiado poderosas frente a las necesidades evolutivas de sus hijos.

Simultáneamente, y como era de esperar, empiezan a detectarse síntomas de adicción a muy temprana edad. Relaciones tempranas de afecto con aparatos atravesadas por la inmediatez y el narcisismo, sin que ningún encuentro con otro niño o adulto reales limite la expresión del goce.

Tercera escena: muñecas sexuales con apariencia humana, con un diseño hiperrealista, que desde hace años se comercializan en Japón y EE UU, y ahora empiezan a extenderse por Europa. Muñecas de las que pueden elegirse al detalle cada atributo, sin que sea preciso acordar nada con ellas, ni comprometerse en ningún sentido. Compañeras afectivas y sexuales que pueden comprarse o alquilarse. Especie de prostitutas articuladas sin límites al goce, más allá de toda legalidad y ética.

Hace tiempo que se viene investigando cómo incluir inteligencia emocional en estos robots. De hecho, el ingeniero catalán Sergi Santos ha inventado un robot sexual (Samantha) dotado de inteligencia artificial, que según refiere contará incluso con un código moral que afectará a su libido, de tal manera que su excitación estará relacionada con el trato que reciba. Con el microprocesador de su cabeza, Samantha es capaz de llegar al orgasmo. Además, según su inventor, esta muñeca puede interactuar no sólo a nivel sexual, sino también romántico y afectivo.

En la feria tecnológica Ars Electronica de Linz, en Austria, esta muñeca causó tanto furor que fue muy visitada hasta el punto de que terminó en un estado lamentable y tuvo que ser reparada porque tenía algunos dedos rotos y estaba muy sucia, como efecto de un público bárbaro que se agolpaba para poder tocar sus pechos, pies o brazos.

Con este éxito no es de extrañar que cada vez se vayan advirtiendo mayores posibilidades de mercado. Clubs de strippers y burdeles van incluyendo muñecas en sus cartas de servicios, además de que cada vez es más demandada como objeto para ser alquilado o comprado; de hecho, en la actualidad, son miles de millones de dólares los que se mueven con este mercado y todo parece indicar que va en aumento.

Da la impresión de que caminamos hacia un ser humano híbrido entre la biología y la robótica, y en el ámbito sexual los androides permiten fantasear con una cópula perfecta. El ser humano vive inmerso en mares de indefiniciones sexuales, de conflictos vinculados a su sexualidad, donde se hace difícil transitar incluyendo el deseo y el amor. Ante estas dificultades, el mercado dicta la posibilidad de un sexo perfecto, sin palabras, sin otro real. Relación narcisista sin límites. Antídoto imaginario contra la soledad.

¿Quién quiere un encuentro con un otro real que mire, toque, hable y escuche, creando incertidumbres y vértigo cuando puede tener una relación rápida y efímera, sin compromiso, en tinder, o alquilar a la hermosa Samantha?

Es posible imaginar a una persona haciendo el amor con un robot mientras fantasea ilusionado tener un hijo reborn. Yo apuesto por seguir relacionando el amor con la poesía:

«El que no abraza tus miserias
no te ama.
El que no soporta tu añoranza
no te alcanza.
Si no transita tus defectos
no puede derretir la escarcha
ni tramitar tus remiendos
ni procurar la esperanza.
El que no ama
no habla
no multiplica
se agacha.
Es como un huésped sin aire
que firma y borra su traza
que sale de tu cuerpo
desvalijando tu alma.»

(Mari Carmen Rodríguez Rendo)

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