Exhibicionismo en las redes sociales

Exhibición redes sociales
Fuente: http://www.probandomundo.com.

Exhibicionismo en las redes sociales

Luis Manuel Estalayo Martín –  Psicólogo Clínico.
www.estalayopsicologo.com

Atiendo a Marta en sesiones de psicoterapia. Cada día al levantarse se mira en el espejo pero no ve nada. En todo caso, una sensación difusa de cierta tristeza, de hastío o cansancio no motivado por algo que pueda identificar. Primer selfie frente al espejo. Pose, sonrisa y a esperar respuestas. Imagina la mirada de los otros y anhela su respuesta: a ver cómo empieza el día…

En el ámbito de la psicopatología, y en términos generales, puede decirse que las parafilias aluden a la presencia reiterada de fantasías sexuales en las que el objeto sexual es «atípico»: deseo hacia objetos no humanos, placer en el sufrimiento y humillación propia o ajena, o goce con personas que no consienten la relación.

La categoría es amplia porque incluye conductas muy dispares con distintas implicaciones legales; en este ámbito legal, no se tipifica de la misma manera a una persona enamorada de un zapato que a un pedófilo o a alguien que practique la somnofilia.

De manera específica, el exhibicionismo es una parafilia que alude a personas que enseñan sus partes íntimas a desconocidos. En esta práctica la excitación y el placer se obtienen a través de la observación de las reacciones de las personas a las que se muestra, generalmente, susto o sorpresa.

De la misma manera que el término «perversión» nace como categoría sexual y posteriormente se ha generalizado a una estructura mental que en oposición a otras (neurosis, psicosis, borderline) abarca numerosos aspectos de la personalidad que van mucho más allá de la genitalidad (la mentira, el fraude, la provocación, el abuso de poder, la necesidad de reírse de la autoridad y un largo etcétera) el exhibicionismo también es una categoría que alude a conductas que van más allá de enseñar los genitales. De ahí que podamos utilizarlo con propiedad para analizar una realidad sociológica y no necesaria ni estrictamente psicopatológica.

Millones de personas comparten aspectos de su vida diariamente en Facebook o Instagram. Con frecuencia aspectos íntimos que aluden a sentimientos de amor.

Es una necesidad de mostrarse públicamente para tener la sensación de existir. Necesidad de potenciar una imagen de sí mismo, superficial pero que otorgue una satisfacción inmediata de verse en la red e imaginar la mirada de los demás, de los followers; esa mirada que dé seguridad, o que muestre la admiración que genera en los demás la propia imagen.

En ocasiones, esta confusión entre lo público y lo privado se produce de manera impulsiva, sin previsión de consecuencias, y el mundo de la apariencia puede convertirse en una pesadilla. Pero sin llegar a esos casos, este tipo de conductas suele tener connotaciones de virtualidad que alejan lo real.

La necesidad de la mirada del otro viene de la infancia, de la necesidad de esa mirada para la construcción de uno mismo. Es una mirada radicalmente estructurante, dada la dependencia de la cría humana del aporte del adulto para su crecimiento. Si esa mirada «construye» es esperable que en algún momento evolutivo uno pueda desprenderse de la necesidad de que siga presente. Si no es así, si se sigue necesitando que los demás miren y otorguen cierto sentido a mi identidad, puede pensarse que se haya dado alguna falla en esta constitución, algún déficit que correlacionaría con sentimientos de vacío, soledad o baja autoestima. Por eso, en ocasiones, el exhibicionismo puede vincularse con el narcisismo.

El narcisismo en tanto que obsesión por la propia imagen tiene carácter epidémico en Occidente. Miles de selfies dentro de una sociedad igualmente narcisista, donde es prioritaria la necesidad de ser admirado, de tener muchos followers, anhelando que cada comentario que se haga, cada sentimiento que se comparta, cada foto, cada fiesta a la que se asista, cada comida, cada suspiro, sea presa de atención interesada. Cuántos likes soñados de amigos (incluso virtuales), cuántos ojos imaginados como admiradores de la propia valía, de esa imagen perfecta que se quiere transmitir.

Esa imagen ideal que se trata de comunicar muchas veces se diferencia de la realidad. Pero la imagen cuenta más que la realidad de cómo nos sentimos y lo que hacemos, si se busca la notoriedad fácil y fácilmente adictiva.

Las redes sociales tienen una importancia extraordinaria en numerosos aspectos de nuestra cotidianidad; es obvio que facilitan numerosas informaciones de mucho interés. Pero el componente de exhibición que pretendo focalizar en este momento puede contribuir a construir un universo gigantesco de máscaras que muestran personajes, donde los emoticonos también sean signos de nuestra creciente deshumanización en tanto que signos muy primarios que limitan la complejidad de las palabras que nos constituyen.

En mi opinión, este universo autista comunica aspectos profundos de cierta metamorfosis del ser humano. Como si hubiéramos decidido que queremos permanecer ciegos ante los cuerpos reales y las condiciones reales de la vida. Como si la exposición de una imagen pudiera eclipsar la tristeza o mejorase de verdad las condiciones de vida de alguien. Como si huyéramos de cualquier compromiso con lo real. Como si no se quisiera saber nada del déficit narcisista que en ocasiones sustenta tanta exposición: vivamos en un espejismo virtual donde todo es posible si se enmascara suficientemente.

Atiendo a Marta en sesiones de psicoterapia. Cada día al levantarse se mira en el espejo. No posa, se mira de nuevo y sonríe. A ver cómo empieza el día…

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