Poliamor-es

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Fuente: http://www.sonpareja.com

Poliamor-es

Luis Manuel Estalayo Martín. Psicólogo Clínico
www.estalayopsicologo.com

La historia de la humanidad es testigo de que la sexualidad humana admite numerosas versiones sin que el instinto garantice una única presentación o evite otras. Es posible que esta realidad sea más obvia en los últimos años, en los que amplios sectores de la población en numerosos países van manifestando sin disimulo y sin temor a represalias sus distintas orientaciones sexuales: heterosexuales, homosexuales, bisexuales, demisexuales, lithsexuales, asexuales, etc. La complejidad de la sexualidad humana es aún mayor si se considera que cada una de dichas orientaciones «generales» puede concretarse en distintas prácticas.

Dentro de estas prácticas, una que me ha llamado últimamente la atención por motivos profesionales es el poliamor, tendencia que aunque es conocida desde hace muchos años no se ha popularizado como término hasta las últimas décadas.

El poliamor alude a mantener más de una relación íntima, afectiva, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. La persona que se considera capaz de tales relaciones se define a sí misma como poliamorosa.

En ocasiones se usa el término para referirse sencillamente a relaciones no exclusivas, pero no hay ni mucho menos acuerdo en esta generalización, en tanto que esta amplitud semántica desvirtuaría la filosofía básica del poliamor.

En este sentido, los defensores de esta práctica enfatizan que es una opción ética y transparente, que incluye cualquier orientación sexual que se tenga. Lo básico es defender que la exclusividad de la relación no es necesaria para disfrutar una relación amorosa profunda y comprometida.

El poliamor puede conectar con términos como relaciones polígamas, matrimonio abierto, polifidelidad o matrimonio grupal, donde se defienden valores como la fidelidad, la transparencia y el respeto.

No obstante, en ocasiones hay personas que se definen como poliamorosas sin que sus actitudes, motivaciones y prácticas les legitimen para hacerlo. Es imprescindible en este sentido una diferenciación radical con otro tipo de prácticas como pueden ser por ejemplo las relaciones sexuales sin compromiso, las orgías anónimas o los intercambios de pareja.

Las personas que se perciben como poliamorosas, y desean actuar en consecuencia, pueden tener no obstante dificultades en una práctica que debe superar los celos, la posesividad y numerosos límites culturales.

Otra de las prácticas que últimamente me ha llamado la atención es la llamada Ecosexualidad. Esta tendencia, que lleva más de una década de desarrollo, nace en Australia como movimiento vinculado al arte y al activismo ecologista. Las líderes de este movimiento son las artistas Annie Sprinkle y Elizabeth Stephens, que se casaron con la tierra en una de sus bodas artísticas y que posteriormente realizan bodas por todo el planeta uniendo personas al cielo, al mar, a la luna o al sol.

La propuesta básica de este movimiento es conectarse con la tierra a través del sexo. No se trata solo de una tendencia sexual para quienes encuentren sensual y atractiva a la naturaleza. Se trata de cambiar el paradigma de la madre tierra por el de la tierra como amante, con el objetivo último de poder salvarla.

Algunas personas defienden la ecosexualidad como identidad sexual que abarcaría cualquier práctica que acepte la imaginación y deseo de cada cual, desde una sexualidad más meditativa hasta cualquier práctica que potencie todos los sentidos en conexión erótica y sensual con la naturaleza: abrazar árboles, chupar hierba, degustar flores, nadar desnudos sintiendo el erotismo asociado, introducir dedos y lengua en la pulpa de distintas frutas, pasárselas por el cuerpo, etc.

Parece ser que cada vez hay más seguidores ecosexuales que realizan sus votos de amor con la naturaleza.

Lo que más me llama la atención en este tema es la enorme cantidad de orientaciones y prácticas sexuales que se pueden dar en los seres humanos, más allá de las consideraciones morales y/o psicopatológicas que pudieran asociarse a alguna de ellas. La cantidad de búsquedas que vienen a testificar que no hay un único camino hacia la satisfacción en la sexualidad humana; que no existe un camino hacia el goce fijado biológicamente. No existe nada que garantice ni permita la unión instintiva plena y única entre seres humanos.

Tanta búsqueda sexual incansable y múltiple permite repensar la opinión del psicoanalista francés J. Lacan respecto a que la relación sexual no existe. Como si cualquiera que fuese la búsqueda que realice cada cual, y sean cuales sean sus prácticas, la insatisfacción fuera a estar siempre garantizada…

Imagino que algo así podría estar pensando el poeta Gaspar Gil Polo ya en el siglo XVI cuando escribía lo siguiente sobre el amor:

No es ciego Amor, mas yo lo soy, que guío
mi voluntad camino del tormento;
no es niño Amor, mas yo, que en un momento
espero y tengo miedo, lloro y río.
Nombrar llamas de Amor es desvarío,
su fuego es el ardiente y vivo intento;
sus alas son mi altivo pensamiento
y la esperanza vana en que me fío.
No tiene Amor cadenas ni saetas
para prender y herir libres y sanos,
que en él no hay más poder del que le damos.
Porque es Amor mentira de poetas,
sueño de locos, ídolo de vanos:
¡mirad qué negro dios el que adoramos!

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