APEGO Y PSICOPATOLOGIA

apegoinseguro
Foto extraída de http://www.bebesymas.com

Luis Manuel Estalayo Martín

Psicólogo Clínico

www.estalayopsicologo.com

 

            “Ayer es lo marchito,

            el sentimiento

            y el campo funeral

            del recuerdo. 

            Anteayer,

            es lo muerto.

            Madriguera de ideas moribundas,

            de pegasos sin freno.

            Malezas de memorias,

            y desiertos

            perdidos en la niebla

            de los sueños”. (F. García Lorca, 1920)

 

De todas las variables que inciden en la salud de una persona (tanto a nivel individual como familiar y socio-comunitario) es fundamental el papel del Apego. En efecto, cada vez son más numerosas las investigaciones que correlacionan distintas historias de apego con el desarrollo de mayor o menor resiliencia, con dispares capacidades adaptativas a la realidad, o con distintos tipos de trastorno emocional. O, dicho de otra manera, diferentes patrones de apego, diferentes formas de relacionarse con las necesidades de seguridad, afecto y apoyo de los hijos ante momentos de adversidad y estrés, incrementan el riesgo de desarrollar posteriormente trastornos emocionales mientras que otras pautas de relación serán protectoras de alteraciones futuras y promueven tanto la  resiliencia como una adaptación consciente y activa a la realidad.

Por otro lado, las dificultades de apego que tenga una persona no solo van a afectar a nivel emocional sino que van a influir en la aparición y desarrollo de numerosos trastornos físicos, tales como el cáncer, la diabetes, las úlceras, la obesidad, problemas cardíacos, etc. (Karr-Morse y Wiley, 2012; Chen et. col. 2011; Piug et. col. 2012).

Como señalamos en la anterior entrada de este Blog, las investigaciones sobre el apego permiten clasificar el patrón de apego que tenga cada menor en los siguientes tipos: apego seguro, evitativo, ambivalente y desorganizado. Cada uno de estos tipos correlaciona en mayor medida con distintas condiciones psico-patológicas.

El apego seguro genera en los niños una actitud reflexiva ante la experiencia, libertad para mentalizar, y aporta una sensación de seguridad, aceptación y conexión con uno mismo y con los demás. Suelen crecer como personas “sanas” en el sentido de mantener una adaptación activa a la realidad, incluyendo relaciones suficientemente satisfactorias consigo mismos y con el entorno.

No obstante, tener una historia de apego seguro tampoco es garantía absoluta de salud mental. Es innegable que todos estamos expuestos a numerosas dificultades vitales que en algún momento pueden generar problemas de ansiedad, depresión u otros.  Lo que sí confiere una historia de apego seguro es la capacidad de solicitar ayuda profesional cuando las circunstancias vitales lo aconsejen, mostrándose muy motivados y colaboradores en todo el proceso de psicoterapia, siendo los resultados generalmente muy satisfactorios.

El apego evitativo se establece cuando se da falta de disponibilidad emocional del cuidador, o rechazo crónico. Se trata de cuidadores que se retraen o inhiben su expresión emocional, o que incluso se muestran bruscos u hostiles, si el hijo está triste, o demandante de apoyo. Estos bebés pueden mostrar aparente indiferencia, inhibiendo la conducta de apego, como si nunca tuvieran necesidades ni ansiedad. Es decir, con la intención de no sufrir la falta de empatía de su madre (o cuidador) ante situaciones de tensión, se van a proteger con conductas de retraimiento minimizando sus necesidades y la expresión de las mismas.

Estos niños, ya en etapa escolar, pueden tender o bien a aislarse de los demás o bien a ser agresivos y conflictivos, con cierta actitud “arrogante” y con tendencia a “victimizar” a otros. Todo con la intención de seguir manteniendo el mito de que se es fuerte y autosuficiente y de que no necesita nada de los demás.

Este tipo de apego evitativo supone un factor de riesgo relevante para configuraciones psicológicas y psicopatológicas cuyo núcleo sea la negación de las propias necesidades. Así por ejemplo, es frecuente encontrar este tipo de apego en personas obsesivas, narcisistas, esquizoides y, muy frecuentemente, en personas con trastornos psicosomáticos.  

El apego ambivalente se estructura cuando los cuidados ofrecidos por la madre, o cuidador de referencia, son inconsistentes, caóticos o intermitentes. Los bebés que sienten este tipo de cuidado ocasional, suelen mostrarse pasivos o enfadados, transmitiendo angustia, rabia e impulsividad. Saben que la figura de apego terminará por aparecer pero no pueden saber cómo ni cuándo… Por eso, aprenden con rapidez que deben exagerar sus reacciones, para hacerse notar y  llamar la atención de las figuras de apego con su insistencia.

En edad escolar estos niños suelen mostrarse inmaduros, “pegajosos” con los adultos de referencia, y suelen ser victimizados por otros alumnos. Puede implicar que sean niños que muestren niveles relevantes de angustia y distintas psicopatologías.

Cuando estos niños crecen, el patrón relacional inconsciente aprendido correlaciona con personalidades de tipo histérico o con trastornos límite de personalidad. Personas que suelen ser muy celosas y dependientes, con una voraz demanda de ser queridas.

Por su parte, el apego desorganizado se estructura cuando la madre, la persona llamada inicialmente a calmar la ansiedad ante distintos temores, es fuente directa de peligro y realiza algún tipo de maltrato. Los bebés así mal-tratados van a sentir una angustia sin solución e incluso van a ver comprometido el adecuado desarrollo físico de su cerebro. Lo más frecuente es que ante la angustia permanente que provoca su realidad, manifiesten tendencias disociativas, fragmentación del yo y estados de despersonalización.

Es por ello que ya desde la edad escolar es frecuente que los menores que sufren un apego de tipo desorganizado manifiesten trastornos de conducta o emocionales de cierta gravedad.

Cuando estas personas crecen suelen presentar trastornos psiquiátricos graves, adicciones, trastornos de personalidad o psicopatía.

Finalmente cabe destacar que los patrones relacionales que se vienen describiendo tienden a repetirse con los hijos. Por ejemplo un adulto con un patrón de apego desorganizado tendrá una tendencia impredecible en relación al cuidado de sus propios hijos.

Sin embargo, esta situación no implica un determinismo sin solución. Por un lado porque influyen otros factores en el desarrollo de cada sujeto, aunque el apego sea uno de los más trascendentes. Por otro lado porque la relación con profesionales de la salud puede cambiar estos patrones relacionales de manera satisfactoria evitando que se repitan generación tras generación.

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