El apego en la relación de pareja

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El apego en la relación de pareja

Luis Manuel Estalayo Martín – Psicólogo clínico
www.estalayopsicologo.com

Qué ingenuidad e idealismo transmiten los clásicos personajes de Shakespeare:

JULIETA.- ¡Oh, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan solo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto. (…) ¡Solo tu nombre es mi enemigo! (…) ¡Romeo, rechaza tu nombre; y, a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera!

ROMEO.- Te cojo tu palabra. Llámame solo “amor mío”, y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!

Ya sabemos cómo acaba la fantasía de W. Shakespeare con este tipo de amor… Porque realmente uno no puede prescindir de su nombre, rasgar su historia y empezar de nuevo. Muy al contrario, cada persona se relaciona siendo esa historia, portando un nombre cargado de significado. Y no puede ser de otro modo.

Uno de esos aspectos que se originan en la infancia y se incluyen en la relación de pareja es precisamente el apego.

Marta acude a sesiones de psicoterapia para intentar clarificar aspectos de su relación de pareja que le generan mucho malestar. Siente que su pareja no empatiza con ella, que no se da cuenta de sus necesidades ni deseos, o de hacerlo, no hace nada por intentar satisfacerlos. A veces siente que es invisible para él, y que no la tiene en cuenta para ninguno de sus planes. Planes y diversas aficiones que, por otro lado, él mantiene sin ninguna dificultad. En ocasiones le verbaliza lo que siente pero él parece no entender nada. Otras veces grita o se silencia, sin obtener otro resultado. En ocasiones, cree que le provoca llegando a tener discusiones significativas, pero tampoco esto le induce a analizar su relación de pareja.

Pablo comenta en terapia que está harto de las múltiples y constantes demandas de amor que le hace su compañera. Para él está claro que la quiere y no entiende por qué tendría que estar repitiéndoselo a cada paso. Él da por sentado el cariño y apoyo mutuo que aprecia en la relación y no entiende el dramatismo que percibe en su pareja. Como si siempre estuviera insegura de ser querida, como si cada día fuera una nueva prueba de amor. Pablo cree que esta demanda permanente le genera rechazo e incluso hastío de tal manera que tiende a distanciarse de la relación, lo que es interpretado por su compañera como una prueba de desamor que genera nuevas demandas en un círculo vicioso infernal y agotador.

Basten estas mínimas referencias que se expresan con mucha frecuencia en un contexto psicoterapéutico para señalar que, de todos los aspectos que van configurando la historia de cada sujeto, el apego es uno de los más trascendentes y, como no pudiera ser de otra forma, tiene mucha relevancia en las elecciones, evolución y conflictos de las parejas.

Si una persona tiene un apego inseguro puede tender a demandar de su pareja que la reasegure continuamente de que va a estar ahí para demostrarla su amor. Pero si su pareja tiene otro tipo de apego, no va a entender este tipo de demanda, y muy al contrario, podrá percibirlas como una pesadez que implicará una distancia que a su vez será reinterpretada por su pareja como prueba de desamor, lo que generará una espiral de mucho malestar.

La importancia del apego en la relación de pareja es señalada por M. Cortina y M. Marrone de manera muy esclarecedora (Apego y psicoterapia. Un paradigma revolucionario, 2017).

Estos autores refieren que hay distintas investigaciones que correlacionan los modelos operativos internos de las relaciones parentofiliales que surgen en la infancia y las relaciones de pareja y sexuales de la vida adulta.

Otros estudios concluyen que el tipo de apego que se haya establecido en la biografía de cada cual, no solo influye en el tipo de relación de pareja que se construya, en sus niveles de satisfacción o conflictos que se generen y en las habilidades para solucionarlos, sino que incluso puede afectar a la salud física en la tercera edad y a los distintos índices de mortalidad: “la calidad de las relaciones íntimas es uno de los factores más predictivos de la salud física en la tercera edad, reduciendo la mortalidad un 50%” (Holt-Lungstead, Smith y Layton, 2010; citado por M. Cortina y M. Marrone).

En este sentido, puede afirmarse que la teoría del apego no solo se refiere al desarrollo infantil, sino que abarca la evolución de las relaciones afectivas a lo largo de toda la vida. Ya Bowlby escribía que “la relación de apego es importante desde la cuna hasta la tumba”.

De manera más específica, el apego también determina en parte la sexualidad de cada sujeto. Aunque hay menos investigaciones focalizadas en este aspecto, la experiencia clínica demuestra que las dificultades significativas de tipo sexual se asocian con experiencias adversas o traumáticas en la infancia, sobre todo si son de tipo perverso.

Pero sin llegar a casos de esta gravedad “traumática”, las relaciones sexuales satisfactorias van a depender en buena medida de la capacidad creativa de cada cual, de la posibilidad de disfrutar lúdicamente, del nivel de espontaneidad, confianza y diálogo abierto y reflexivo que pueda desplegarse en la pareja; y todos estos factores se constituyen y forman parte del contexto del desarrollo infantil en las relaciones de apego.

Es por ello que un trabajo psicoterapéutico que preste especial atención al apego no solo puede modificar los patrones disfuncionales relacionales y la psicopatología asociada, sino que también puede clarificar las relaciones de pareja, incluyendo su sexualidad.

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