El aburrimiento

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El aburrimiento

 

Autora: Lourdes Fernández-Quintanilla Orientadora familiar)

Hay que acabar con el estigma de que el aburrimiento es malo, y eliminar el pesimismo asociado a él. Claro que un exceso de aburrimiento es perjudicial, pero también lo es su ausencia total. Por eso queremos tratar hoy este tema, entendiendo que el aburrimiento es una emoción de la que se habla poco porque es compleja, pero resulta necesario hacerlo, aunque, seguramente, sea la más paradójica de las emociones.

El aburrimiento es bueno para nosotros, y también para nuestros hijos, porque es el preámbulo al juego, este estado en el     que se pone en marcha la imaginación y surge la creatividad, y también la concentración. Por lo tanto, el aburrimiento puede ser una fuerza poderosa que infunda motivación, creación, pensamientos y reflexión inteligente.

Por todos estos motivos, debemos incorporar el aburrimiento en la educación de nuestros hijos. Y no es fácil, porque si un niño dice que se aburre, la mayoría de los padres que no suelen ser conscientes de la utilidad de este sentimiento, rápidamente, se sienten culpables y se angustian, intentando por todos los medios que su hijo no sufra esta emoción. Es tal la obsesión que tiene la sociedad actual de eliminar el más mínimo indicio de aburrimiento en nuestras vidas, que nos hemos acostumbrados a llenar cada momento con estimulación. No somos conscientes de que esta situación está permitiendo que nuestro umbral para el aburrimiento sea cada vez más bajo.

Y no solo eso, es que la falta de aburrimiento que intentamos a toda costa puede tener consecuencias más complejas, y aquí me estoy refiriendo a personas de todas las edades que se vuelven adictas al juego, a la pornografía, a las compras compulsivas, a las drogas… están constantemente buscando estímulos y emociones, que cada vez son más peligrosas y que implican mayor riesgo.

Alentados por las nuevas tecnologías, nuestros hijos crecen con cada vez menor capacidad de atención. El aburrimiento es el nuevo estrés de la sociedad moderna, e igual de dañino que este.

En general estamos sobre estimulados, con agendas diarias repletas de actividades, cada vez hay más maneras de entretenernos… y, sin embargo, da la sensación de que nos aburrimos más que nunca. Es que estamos perdiendo la capacidad de tolerar la rutina y la repetición de la vida cotidiana. Niños y adultos tenemos cada vez menos recursos para afrontar el necesario aburrimiento. Y es que el ritmo acelerado de la sociedad conlleva un culto a la velocidad, cambio permanente y búsqueda de la novedad.

En este sentido Sandi Mann, investigadora de la Universidad Central de Lacashira (Reino Unido) y autora del libro: El arte de saber aburrirse (año 2017) ha realizado una interesante investigación en el que no sólo habla de su experiencia personal y profesional, sino de la de otros muchos estudiosos que, a lo largo de los años, han abordado este tema.

El aburrimiento se comenzó a estudiar hacía el año de 1920, concentrándose en los aburridos trabajadores de las fábricas. Uno de los primeros estudios se realizó a finales de la década de 1930 por Cyntthia Fisher y Joseph Barmak. En 1988 Haral G. Walbott, profesor de la Universidad de Salzburgo (Austria) mostro que es fácil reconocer cuando una persona parece estar aburrida.

Posteriormente, Fisher, que es psicóloga laboral en Norteamérica y una de las primeras investigadoras modernas, ya habla de que el aburrimiento es una emoción, aunque desagradable, pero al fin y al cabo emoción, similar en muchos aspectos a la ansiedad o la tristeza.

Nombrando de nuevo el libro El arte de saber aburrirse, su autora Sandi Mann, acaba concluyendo, con la invitación a abrazar sin miedo al aburrimiento, apuntando que la solución pasa por luchar para aprovecharlo, en vez de luchar para evitarlo. El aburrimiento puede ser una fuerza motivadora, que infunda creatividad.

La curación significa permitirnos un ritmo menos frenético en el que entre en nuestras vidas el tiempo de inactividad, dejando de sobre estimularnos a nosotros y especialmente a nuestros hijos, ya que aburrirse es bueno y este tiempo de inactividad que os invitamos a vivir, ofrece muchas ventajas.

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