Edadismo

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Edadismo

Autora: Lourdes Fernández-Quintanilla (Orientadora familiar)

Es un término nuevo, tan nuevo, que ni siquiera figura en el diccionario de la Real Academia y refiere “al prejuicio y discriminación que existe hacia las personas mayores”. Pero no solo es un término nuevo, y bastante desconocido por cierto, sino que también suele ser inconsciente, por ello, se hace más urgente que nunca hablar de él, analizarlo ,reconocerlo y luchar contra esta nueva construcción, que tanto daño puede hacer. Especialmente entre los más vulnerables, como son las mujeres y los pobres. Carl Honore propone que igual que se produjo una masiva incorporación de las mujeres al ámbito laboral en la década de 1970 y esto supuso, a mi modesto entender, una revolución positiva, debemos emprender ya la lucha contra este fenómeno, sin venerar ni vilipendiar ninguna edad y teniendo muy presente que hoy el mundo es un lugar mucho mejor que antes para las personas mayores de 50 años.

Hasta ahora las culturas tradicionales daban importancia a las personas jubiladas o de cierta edad otorgándoles un papel de “conocimiento y experiencia” valorables. La sabiduría popular nos dice que el pasado fue una época dorada para envejecer, y que nuestros antepasados no supusieron tanto una carga social como ahora, por muchos motivos, pero entre ellos destaco él se tenía en alta estima a los ancianos. Con este tema tan interesante, recientemente (junio del 2.019) Carl Honoré, periodista y analista social, ha sacado a la luz su libro “Elogio de la experiencia” en el que aborda la defensa del envejecimiento sin complejos, ensalzando el valor de la experiencia y animando a los que ya vamos cumpliendo cierta edad, a disfrutar de esta nueva etapa. Y es que muchos de nosotros nos vamos haciendo mayores, aunque no nos demos cuenta y lo descubramos de repente (Un cumpleaños especial, una enfermedad o lesión, un desengaño amoroso, un ascenso que no se da en el trabajo, la pérdida de un ser querido o cualquier otro acontecimiento).

El siglo XXI se caracteriza, entre otras muchas cosas, por la revolución de la longevidad. Y es que las mejoras en materia de nutrición, salud, tecnologías, saneamiento y atención médica, están permitiendo que la esperanza de vida se haya duplicado a nivel global, pasando de 32 años fijados en 1.900 a 72,4 en la actualidad. Y si esto cierto objetivo,todavía rizamos más el rizo, y podemos hablar de una España en que la media supera los 80 años.

La situación descrita, que significa un salto importantísimo, frecuentemente no se percibe como tal, porque es cierto que sobrevivir a los 80 o 90 años puede convertirse en un motivo de orgullo y de celebración, ya que es un gran avance. Pero en general, la idea de envejecer evoca miedo, angustia y desprecio. Tenemos una visión sombría de la tercera edad, así que nuestra aversión a hacernos mayores, o incluso simplemente parecerlo, es hoy más fuerte que nunca, y tenemos que demostrar que este rechazo a los ancianos con una nueva forma de discriminación.

Envejecer es lo más natural del mundo, por eso tenemos que sacar el máximo partido a nuestras longevas vidas. Pero la sociedad actual pone su énfasis en la juventud, otorgándole un valor primordial, no solo para ellos, la gente joven, sino también para los mayores, que a veces intentan parecer jóvenes a toda costa, invirtiendo gran parte de su tiempo y dinero (vestir joven, hablar y actuar como los jóvenes…etc.) dando paso a una nueva industria que mueve anualmente millones de euros.
El culto a la juventud es una de las obsesiones de nuestros días. Posiblemente porque una de las motivaciones para tanto rechazo al envejecimiento sea la secularización de la muerte, a muchos se les ha quitado el consuelo del más allá en la certeza de que vamos a morir. Algunos, convencidos de que no existe una segunda vida celestial, caen en la tentación de imaginar siempre lo peor.

Las muestras de respeto público a los mayores han pasado a la historia y se ha creado una corriente de desprecio, e incluso de rechazo, hacia estos mayores, y el consumismo actual no hace sino empeorar las cosas, ya que potencia lo nuevo por encima de lo viejo.
Es un importante considerar el envejecimiento como un privilegio en lugar de un castigo ya que es lo más deseable del mundo, no morir joven, sino en un momento de la vida personal en el que hayamos disfrutado de nuestra vida y estemos preparados para morir.

Esta visión de las personas mayores como un colectivo homogéneo, en el que se generalizan las características negativas sobre las positivas, está arraigada en nuestro pensamiento y en nuestro lenguaje. En este sentido hablamos de una construcción de la sociedad actual en la que se imprime a las personas jubiladas o de “cierta edad” unas connotaciones excesivamente negativas, que hace que, en que en lugar de considerarlas “sabias y experimentadas” las sociedades más evolucionadas pongan especial énfasis en la exaltación de la juventud. Aspecto en principio positivo, pero que con más frecuencia de la deseada, se puede prolongar tanto en el tiempo que llegue a ser negativo, e incluso patético.

El fenómeno de edadismo es difícil de neutralizar, por eso reiteramos que es tan importante determinar cómo cada uno de nosotros podemos luchar contra esa imagen estereotipada que tanto daño hace a algunas personas. Caer en el edadismo es pues denigrar y negar nuestro propio futuro “todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero nadie quiere ser viejo” (Bernardino de Siena). La revolución de la longevidad constituye un cambio que, a su vez, impulsará nuevos cambios en todos los ámbitos de la vida.

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