Autocompasión: una elección alternativa

Viñeta de Hani Abbas

AUTOCOMPASIÓN: UNA ELECCIÓN ALTERNATIVA

Beatriz García Fdez-Quintanilla – Psicóloga General Sanitaria

¡Despierta!, entrega el papeleo, deja al niño, atasco en la autovía, llegas tarde al trabajo y ayer te llamaron la atención. Vuelves a casa, respiras, enciendes la tele y otra vez noticias poco alentadoras, no sabes si estas navidades cocinarás para treinta o para seis. Estás que te caes y para colmo, te queda poner dos lavadoras y terminar un informe. Esta noche comes cama.

Es normal sentirse afectado. Más cuando las situaciones se ponen duras. Generalmente nuestro pensamiento tira a términos en oposición: “blanco-negro”; “bien- mal”; “si-no”. Parece comprensible que esto mismo también se aplique a la forma que comprendemos el mundo y nuestra forma de vivir en él.

Las investigaciones demuestran que nuestro cerebro tiene tendencia a la negatividad, ya que la información negativa suele avisar de una amenaza y así podemos dar una respuesta más rápida de ataque o huida (Tiffany A. Ito y otros, 1998). En teoría, la defensa más segura pasaría por no tener motivos para ser atacado. El problema es que resulta casi imposible mantener esta sobre exigencia de perfección, las 24 horas al día, los 7 días de la semana. Es ahí, cuando a veces emitimos juicios hacia uno mismo que lejos de ayudarnos a orientarnos hacia nuestros objetivos, parece que nos alejan.

Resulta llamativo como podemos ser muy comprensivos con el dolor ajeno, pero ¿con nosotros qué?, ¿reaccionamos igual? La única forma de aprender es por acierto y error, nos equivocamos mucho para de vez en cuando no hacerlo. Nacemos sin contrato previo de perfección y sin embargo nos lo exigimos igualmente.

La compasión hacía uno mismo requiere que tomemos conciencia del propio sufrimiento. No podemos conmovernos ante éste si ni siquiera reconocemos que existe. Entrenando la autocompasión para romper el hábito de la autocrítica.

La autocrítica en sí misma, no es ni buena ni mala necesariamente, depende de para qué la usemos y qué consecuencias obtengamos de ella. Por ejemplo, cuando nuestro diálogo interno resulta demasiado duro o cruel: “Eres un inútil”; “Esto que has dicho es una estupidez”, es como si dijésemos “voy a criticarme duramente antes de que tú puedas hacerlo”. Esta elección defensiva surge del deseo natural de no sentirnos rechazados y abandonados, manteniendo nuestro instinto de supervivencia más básico.

Pero parece que a veces no funciona del todo. Por lo que, otra respuesta alternativa sería darnos cuenta de cuantas veces predomina esa crítica destructiva hacia uno mismo. Y, posteriormente: entenderla, sentir compasión y generar una respuesta más amable. ¿Cómo podemos crecer si no reconocemos nuestras propias debilidades?

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales. En primer lugar, requiere bondad hacia uno mismo. En segundo lugar, reconozcamos nuestra humanidad en común. En tercer lugar, requiere atención plena sin ignorar el dolor, ni tampoco exagerarlo.

Requiere que entendamos nuestros puntos débiles y nuestros fracasos, en vez de condenarnos.  La culpabilidad a menudo genera bloqueo emocional y limita al cambio, ya que la atención está más en el juicio del pasado que la resolución al futuro. Mientras que, la autocompasión consiste en consolarnos activamente, respondiendo tal y como lo haríamos ante un buen amigo con dificultades.  

Porque uno es su dolor y también la posibilidad de responder amablemente a este dolor. De manera que paradójicamente somos nuestro mejor crítico y apaciguador interior. La doble cara de la moneda.

Es por ello, que la bondad, implica algo más que dejar de juzgarnos, es un proceso proactivo del compromiso al cambio.

Cuando estás dispuesto a sentir las emociones dolorosas y acogerlas con compasión, resulta menos probable que interfieran en tu vida. Decía Kristin Neff (2011) en su libro: Sé amable contigo mismo, que los éxitos y el fracaso vienen y van, no determinan nuestra valía. Son solo una parte del proceso de estar vivo. Y cómo elijamos vivir, ya es cosa nuestra.

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