V: Vínculo fraterno

Vínculo fraterno
Vínculo fraterno (Foto: We Heart It)

V: Vínculo fraterno

En sistémica, resulta primordial el vínculo paternofilial; y es que, en realidad, lo es. Pero, en ocasiones, se descuida el vínculo fraterno, que es el que le sigue en importancia ya que, probablemente, resulte el más duradero y el que nos acompañe a lo largo de nuestra vida. Por su trascendencia, es aconsejable que los padres lo trabajen desde el momento en que tienen conocimiento de que hay otro hijo en camino, aunque la calidad de las relaciones dependa no sólo de la actitud de los padres, sino también de muchos otros factores (género, intervalo de edad, orden que ocupa, temperamento, celos, gustos, afinidades, etc.).

Si hay menor diferencia de edad, es probable que se dé mayor rivalidad, especialmente si los hermanos comparten el mismo género. Esperar que tus hijos se quieran y se apoyen incondicionalmente es una expectativa poco realista. El conflicto entre hermanos es inevitable, por lo que se aconseja aceptarlo y trabajarlo, pero no reprimirlo, así como tampoco es conveniente preocuparse obsesivamente por la equidad en la atención, porque cada hijo es distinto y necesita diferentes cosas en diferentes momentos. Lo que sí debemos cuidar al máximo es evitar el favoritismo o la tendencia a la comparación, ya que, con mucha probabilidad, estas actitudes de los padres generen relaciones hostiles entre los hermanos.

Los celos en la infancia son normales, inevitables y saludables. La rivalidad fraterna posibilita a los hermanos experiencias enriquecedoras: descarga de agresividad, control de impulsos, aprendizaje de la ambivalencia y la frustración, negociación, colaboración, compartir, aliarse, solidarizarse, retarse, apoyarse y aconsejarse. Por otra parte, los padres pueden escucharles con respeto y enseñarles a que se escuchen entre sí, además de ayudarles a canalizar sus sentimientos. No es necesario estar de acuerdo con ellos, simplemente escucharles y actuar como mediador sereno que les permita sentirse comprendidos.

También hay que tener presente que los hermanos sirven como modelo de identificación diferente al de los padres, además de un vehículo muy oportuno para hablar de emociones. Siguiendo la hipótesis de Bryaht, los padres generalmente no hablan de emociones con sus hijos pequeños (en edad escolar) por lo que éstos pueden mostrar una tendencia a buscar en los hermanos mayores consejo a la hora de resolver los conflictos.

La intensidad del vínculo fraterno suele variar a lo largo del ciclo vital. Cuando más intensa suele ser es en la infancia (comparten una historia familiar y una cultura). En la adolescencia, se pueden producir mayores conflictos. Incluso alguno de los padres se preocupa al comenzar este periodo de rebeldía por su posible efecto en sus otros hijos menores, por lo que resulta una etapa especialmente compleja para todos. En la etapa adulta suelen intervenir otras personas en esta interrelación. En una reciente investigación, Eobert Waldinger mostró como los varones, cuyas relaciones con sus hermanos no fueron buenas durante su infancia, tienen un riesgo significativamente mayor de padecer depresión de adultos. En general, las mujeres conservan una relación más íntima y estrecha. Por último, en la vejez, este vínculo suele intensificarse de nuevo, en la que con frecuencia supone un apoyo fundamental.

Lourdes Fernández-Quintanilla (Orientadora, trabajadora social y terapeuta familiar)

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